Sobre el Dr. Nostradamus y sus bobadas

lunes 08 marzo 2010

El Dr. Nostradamus y sus bobadas

Circula últimamente un correo electrónico por la red sobre una de las profecías de Nostradamus, que me dio la idea de escribir algo sobre él, porque sigue habiendo gente que cree en todas esas predicciones y adivinaciones, y en quienes las promulgan: astrólogos, adivinos, futurólogos, profetas y demás ralea.

La profecía en cuestión es la siguiente (y tiene su coña):

DE TIERRAS CON NOMBRE DE ANIMAL, VENDRÁ QUIEN GOBIERNE A LOS IBEROS, ADORARA A REYES NEGROS Y ABRAZARA RELIGIONES EXTRAÑAS, Y LLENARA SU PALACIO DE BUFONES Y ADULADORES. 
USANDO SU PROPIA MASCARA DE BUFÓN, TRAERÁ CONSIGO EL HAMBRE, LA POBREZA Y LA DESESPERACIÓN....”                                                                                              Centuria XI de las Prophéties, Michel de Nostradamus 

Y apostilla el e-mail: ZAPATERO ES DE LEÓN

Pues bien, solamente hay diez centurias. En unas ediciones posteriores a la muerte del autor se añadieron dos más, completando un total de doce, consideradas por los expertos, apócrifas.

Además en la centuria XI no está escrito nada parecido (apócrifa o no). Es decir un “hoax” más en Internet.

Hay otros hoax (bulos difundidos a través de e-mails, sin fundamento) sobre Nostradamus como el de las Torres Gemelas, la llegada al poder de Obama, o el fin del mundo de 2012.

Michel de Notredame nació allá por 1503 en la Provenza francesa, y se graduó como médico en Montpellier. Fue en esa época cuando decidió latinizar su apellido a “Nostradamus”. Se casó y tuvo dos retoños, pero la peste lo dejó viudo y sin hijos. Poco más tarde se casó de nuevo con una viuda, con la que tuvo seis hijos. En 1555 publicó su primera obra, que trataba  sobre mermeladas y cosméticos, y nació su primer hijo, César (que luego fue pintor).

En ese año también publicó las primeras centurias (I, II, III y 53 cuartetas de la IV), cosa que llamó la atención de Catalina de Médicis, reina de Francia, quien lo reclamó a París.

Allí, entre la reina y la corte supo ganarse una reputación de adivinador eficaz, y vio clara la ocasión de sacar provecho, fama y dinero.

Siguió escribiendo centurias y perfilando la verdadera clave de su éxito: la ambigüedad de sus frases, y el oscurantismo de sus textos cifrados.

En 1562 el obispo de Orange le pidió ayuda para recuperar unos objetos de valor robados de la catedral. Respuesta: “Señores, no tengáis miedo de ningún tipo, porque dentro de poco, todo será hallado, y en caso de no ser así, tened la seguridad de que se acerca un desdichado destino [para los ladrones]….”. O acertaba por aparecer los objetos perdidos, o acertaba porque el desdichado destino llegaría tarde o temprano; en la tierra o con castigo divino. Un campeón.

Un día en 1560 un empresario llamado Rosenberg le solicitó que le confeccionase un horóscopo. Así lo hizo pero el empresario le envió varias cartas en las que se quejaba de que el tal horóscopo era ”imposible de descifrar”. El pobre Rosenberg no obtuvo respuesta alguna, salvo con la que le preguntaba de qué modo quería cobrar el trabajo. Total, que quedó sin comprender nada de su futuro, y sin el dinero, que cobró Nostradamus, que no era poco.

Los que creen en las adivinaciones de este artista, siempre acuden a la profecía 1-35 en la que (según dicen ellos) se profetiza la muerte del rey Enrique II de Francia (el marido de Catalina de Médicis). Dicen éstos que es la más clara y reveladora:

                        El joven león vencerá al viejo

                                    En el campo de batalla en combate singular

                                    En jaula de oro le quebrará los ojos

                                    Dos flotas una, después de morir, muerte cruel

 

Pues resulta que el rey murió a los diez días de un accidente, en un torneo (no en batalla). La lanza del contrario (el conde de Montgomery) se partió y una astilla le atravesó el cráneo (no el ojo) a Enrique. La jaula de oro sería el yelmo y de las flotas, no sabe, no contesta. Hay que usar un buen calzador ¿verdad?

Pero además, es que el propio Nostradamus presagió dos años antes del accidente, para el rey Enrique II, que sería invencible y que disfrutaría de dicha y de victoria. Vaya artista. El invencible fue vencido, y no disfrutó de la dicha más allá de dos años.

Por último auguró su propia muerte en noviembre de 1567 y sin embargo lo hizo año y medio antes. Es que no daba ni una.

 






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