La Revolución Francesa y la Democracia

viernes 12 febrero 2010

La Revolución Francesa y la Democracia

 

El que las democracias modernas provienen de la Revolución Francesa (1789), es algo que se da por hecho y confirmado.

Es cierto que marcó una ruptura con el Antiguo Régimen en Europa, y que, a partir de entonces, ya nada volvió a ser igual que antes.

La forma política de feudalismos y absolutismos se derrumbó definitivamente.

El Sistema Métrico Decimal, que es hijo de la Revolución Francesa, es fruto del intento de universalización de las medidas. La idea era favorecer el comercio y el intercambio de bienes, y la comunicación entre científicos, utilizando las mismas unidades de medida.

Se tomó como patrón de medida universal el metro, basándose en algo común a todos los seres humanos (para evitar localismos) como es la medida del meridiano terrestre (según los cálculos de los astrónomos de la época, la diezmillonésima parte de la distancia desde el Polo Norte hasta el Ecuador).

Hay un libro fantástico “La medida de todas las cosas” de Ken Adler que relata cómo dos astrónomos hicieron esta medición (cumpliendo un mandato de la Asamblea Nacional) en plena época revolucionaria.

Gran éxito: el 95% de la población mundial utiliza el Sistema Métrico.

Sin embargo no solemos reparar en que la Revolución Francesa originó una serie de consecuencias encadenadas, nefastas para la propia Francia.

Hubo inicialmente corrientes democratizadoras (girondinos) con ideas de liberalización de mercados, libertad de precios, libertad de contratación, etc. Condorcet fue cabeza visible de esta moderación democratizadora, amigo personal, por cierto, de Adam Smith, economista escocés y padre del liberalismo económico.

Pero estaban en contra, por un lado, los monárquicos radicales (conservadores), y por otro los “sans-culottes” (pueblo llano, pobre y exaltado),  y los jacobinos (radicales ultrarrevolucionarios).

A los 3 años de la Revolución, jacobinos y sans-culottes toman el poder (tras golpe de estado) y comienza el Reino del Terror, con Robespierre a la cabeza. Más de 10.000 cabezas cayeron en ese tiempo. La guillotina tuvo trabajo.

En 1799, tras llegar victorioso de Egipto, Napoleón Bonaparte toma el poder (con otro golpe de estado), acabando así con la 1ª república y comenzando el Imperio (este sí que fue imperialista) y la invasión de Europa.

Por cierto, el mismo Sistema Métrico creado unos pocos años antes con ideas universalizadoras, fue rechazado por Napoleón, sin que se volviese a él en Francia, hasta mediados del s.XIX.

Así, hasta hoy, se fueron sucediendo repúblicas (la actual es la 5ª), alternando con monarquías e imperios.

Para situarnos en los inicios de las democracias actuales debemos mirar hacia dos sitios. Por un lado la Inglaterra de finales del s.XVII (gloriosa revolución de 1688) con el derrocamiento de la dinastía de los Estuardo. ¡Ojo! 100 años antes de la francesa.

El nuevo rey Guillermo de Orange facilitó la libertad religiosa (él era calvinista, no anglicano) y aumentó los poderes del parlamento. Éste, el Parlamento, promulgó La Carta de Derechos (Bill of Rights), La Ley de Tolerancia, y la Ley de Parlamentos Trienales. Todas ellas enfocadas a aumentar las libertades individuales y al control del Rey. A todo ello contribuyó el gran filósofo político, médico y economista John Locke (1632-1704). Uno de los personajes de la excelente serie de TV “Perdidos”, lleva el nombre de John Locke en su honor.

La idea de que la separación de poderes es esencial para la democracia y la libertad, la desarrolló Montesquieu (1689-1755), basándose en la Constitución de la Gran Bretaña y en las enseñanzas de Locke.

El otro lugar al que debemos mirar es los Estados Unidos de América, primer estado nacido en democracia.

En 1787 (dos años antes de la Revolución Francesa) la Convención de Filadelfia redactó la nueva Constitución de los Estados Unidos, que puede entenderse como un contrato o acuerdo para crear organismos que se dediquen a los asuntos públicos, con control ciudadano de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).

 Al ser una federación de estados, el principio de separación de poderes tiene dos vertientes, una vertical entre los poderes de la Federación y los de los estados, y otra horizontal entre los propios poderes federales. Esto no fue fácil de llevar a la práctica inicialmente, siendo motivo de fricciones y una de las causas de la Guerra de Secesión.

En el preámbulo de esta constitución se puede leer que se busca “establecer la justicia, asegurar la tranquilidad en el interior, asegurar la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar las bendiciones de la libertad para nosotros y nuestra posteridad”.

Alexis de Tocqueville en su obra “La Democracia en América”, relata las impresiones que sacó de su viaje a EE. UU. entre 1831 y 1832. Entre otras cosas escribe que “el pueblo participa en la composición de las leyes por la elección de los legisladores, y en su aplicación por la elección de los agentes del poder ejecutivo. Puede decirse que él mismo gobierna: tan débil y restringida es la parte dejada a la administración, tanto le afecta su origen popular, tanto obedece al poder del que nace”.






Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado