In memoriam

martes 27 marzo 2012

Tardé unos días porque no sabía qué decirte. En realidad no supe qué decirte desde que empezó toda esta sinrazón.

Llegué, hace ya 12 años, para hacerte la vida más cómoda. Ya nos conocíamos pero fue a partir de entonces cuando empezó una convivencia y un conocimiento mutuos, que sembró de forma lenta –como debe ser- una extraña amistad.

Fue extraña, sí, porque nunca estuvo adornada con las características típicas que ayudan a definirla.

Fue extraña porque era tácita, inconsciente, cómplice pero sutil. Tanto que casi te quise en secreto.

Recuerdo charlas espontáneas sobre libros, sobre el mar, sobre medicina, política, Dios……..

Con puntos de vista, muchas veces antagónicos, no hubo nunca tensión, sino respeto, y hasta buen humor.

Llegué para hacerte la vida más cómoda, dejaste de hacer guardias, y poco después los cuidados críticos. Dejaste aquello que tú solito habías montado con un éxito que hoy todavía resuena entre nosotros. Y tu vida fue mejor.

Tus hijos crecieron navegando a la estrella polar que fuiste para ellos. Y María, tu gran compañera. Pobre María.

Te empecé a echar de menos cuando empezó toda esta sinrazón.

Siento no haber podido decírtelo; haberte dicho de mi cabreo por lo absurdo de todo esto. ¡Qué mal llevamos la falta de lógica!

Absurdo es que te lo diga ahora, precisamente, cuando los dos sabemos que  cuando uno se va, se va de todo.

Solo queda el recuerdo.

Nada más y nada menos que el recuerdo.

Te recuerdo. Te recordaré.






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