El comienzo genial de tres obras y más mitos lingüísticos

sábado 02 enero 2010

Hay tres obras que no tienen nada que ver entre sí, que me llamaron la atención justo al comienzo, en la primera frase.

Me quedaron grabadas en la memoria como genialidades comprimidas, como compendio de lo que tenemos entre manos (o sea, el libro, su contenido). Nos situamos bien sobre lo que nos espera.
Y digo que no tienen en común nada, más que eso: que son geniales.

La primera, es el comienzo de la obra de teatro "La importancia de llamarse Ernesto", de Oscar Wilde. Es el humor condensado, el mejor ejemplo de cómo se puede arrancar una sonrisa en la primera frase, en el mismo comienzo de una obra:

El señor tocando el piano en el salón, pregunta al criado:
ARCHIBALDO.- ¿Oíste lo que estaba tocando, Lane?
LANE.- No me pareció correcto escuchar, señorito.


La segunda también es humor puro, perfecto y directo (ya sin el toque inglés del anterior), y pertenece al comienzo de la autobiografía de Groucho Marx "Groucho y yo" (exactamente no es la primera frase de la obra sino la del segundo párrafo):

Aunque es del dominio público, creo que puedo anunciar que nací a muy temprana edad
.

La tercera frase inicial que me impactó es la que da comienzo al excelente ensayo del filósofo, periodista, gastrónomo y lingüista francés Jean François Revel, "El conocimiento inútil".
Es un inicio crudo, desgarrador, desesperanzador:

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.

Se trata, como dije, de un ensayo crítico con la civilización (sobre todo del siglo XX) en el que demuestra hasta qué punto es cierta la frase inicial. Y lo hace por capítulos dedicados a distintos ámbitos que crean o influyen en la opinión pública, como la política, el periodismo, la enseñanza, la propia cultura, o la ciencia e investigación, entre otros.

Revel, siempre recomendable. Por cierto, más recomendable por su rápida y fácil lectura es "La obsesión antiamericana".

Bueno, en cuanto a mitos lingüísticos, desharemos algunos:

La locución "en pelotas" no es correcta. Lo adecuado es decirla en singular: "en pelota".
Antiguamente significaba quedarse a cuerpo, es decir sin abrigo: "A Sancho le quitaron el gabán y dejáronle en pelota". En la Edad Media se utilizaba la locución en pellote aludiendo al vestido casero.
Pasó luego a pelota influido también por ser derivado burlesco de piel (según  Lázaro Carreter). Al mismo tiempo fue adquiriendo el sentido actual de sin ropa, en cueros.
Posiblemente por este plural en cueros y por la asociación popular con los testículos, derivó la locución a en pelotas.  Confirma el origen en singular el hecho de que se sigue diciendo en pelota picada, en singular. Esta no cambió.

Las palabras libido y lívido.
Muchas veces oímos la palabra libido (deseo sexual) como esdrújula, siendo llana y, por tanto, sin tilde.
Se debe a la confusión con el adjetivo lívido (este sí es esdrújulo) por la patente semejanza de pronunciación.
Es curioso el caso de esta última palabra porque su significado es de "amoratado, cárdeno" y no pálido, como desde bastantes años ya, se cree. Suficientes años como para que la RAE terminara admitiendo este significado como segunda acepción.




Comentarios

ME parece muy bien

enviado por Lance el 12 enero 2010 a las 12:19 PM CET #



Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado