Breve historia del dinero

domingo 17 julio 2011

El dinero no lo inventaron los bancos ni los banqueros. Simplemente surgió de la actividad humana.

Pasa lo mismo con las lenguas: no fueron inventadas por alguien en concreto, tienen nacimiento lento y natural. Esto sí que nadie lo discute.

Sin embargo, en cuanto al dinero, hay mucha gente que piensa que fue inventado por una serie de señores, que lo fueron sustituyendo por el oro, y guardándolo (para seguridad de los demás) en unos edificios (los bancos), con vistas a amontonarlo y prestarlo con intereses.

Una buena manera de hacerse rico: prestando un dinero que no es suyo y reclamando su devolución en suma aumentada, con intereses. Los que piensan así lo llaman usura, especulación.

Otro día hablaré de los bancos y su función en la sociedad.

En realidad todo comenzó con el famoso y simple trueque. Cuando una persona necesitaba algo, buscaba a otra que lo tuviera, con intención de intercambiarlo por otro algo, que esta otra persona necesitara a su vez.

In illo tempore, en aldeas y pueblos se reunían periódicamente con esta intención. Fue el germen de los mercados actuales.

Naturalmente, esto restringía mucho la capacidad de intercambio, dado que siempre debe haber un interés mutuo en la transacción.

De manera espontánea, con el tiempo, las personas fueron comprobando que había una serie de bienes que cambiaban de mano con más frecuencia, porque eran valorados por más gente. Pongamos por ejemplo el trigo: era más fácil, para un herrero, intercambiar con un zapatero, unos herrajes, por trigo, que por unos zapatos que no necesita. Estos bienes comenzaron a tener un “valor añadido”.

Éste, y no otro, es el origen del dinero.

Los bienes que más fácilmente cambian de mano son aquellos que son más apreciados por la gente, porque le resulta mucho más sencillo adquirir lo que necesita: tienen ese valor añadido.

Dichos bienes pueden ser trigo (como antes pusimos de ejemplo), tabaco (así surgió en Norteamérica hace un par de siglos), piezas de oro, cacao, lino, cabezas de ganado, leche, etc.

Era la región, lo local, la que daba más o menos valor a los bienes de intercambio. El cacao podía ser muy valorado en una región y no en otra, en la que aceptaban mejor la lana o la seda.

Como podemos ver, no hay banqueros por ningún lado.

Progresivamente se fueron buscando, de forma natural, bienes que cumplieran los requisitos anteriores, y que, además, fuesen más fácilmente transportables, y menos localistas, es decir, más universalmente valorados por su belleza o su escasez.

Los bienes que mejor cumplían estas características eran los metales nobles, como el oro y la plata. Así fueron convirtiéndose en moneda de cambio.

Fue más tarde cuando las piezas de metales preciosos fueron acuñadas, por distintas instituciones no estatales, en forma de moneda como hoy la conocemos.

Y fue todavía más tarde cuando los estados comenzaron a monopolizar la acuñación.

Los estados luego inventaron el papel moneda. Esto ya sí es un invento. Se trata de que el Estado ”certifica” que la moneda o el billete que emite, representa un valor que, físicamente, no tiene, y es aceptado por todos.

Es la moneda fiduciaria, el dinero que todos conocemos y utilizamos hoy en día.






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