Apuntes Liberales (7). De la educación.

lunes 04 junio 2012

Sobre la Educación.

Al igual que sucede con la sanidad, la educación es vista por el ciudadano como un derecho inalienable.
Todo ser humano debe tener acceso a ambas en cualquier sociedad a la que pueda pertenecer.

Estas afirmaciones resultan tan incuestionables, tan obvias, que producen una ampliación subliminal, subconsciente, en nuestro pensamiento.

Me refiero a que enseguida pasamos a pensar que, para asegurar ese derecho, el estado debe tomar partido. Y no solo para proteger ese derecho, sino para obligar a que se ejerza. Pasamos ya de un derecho a una obligación casi sin darnos cuenta.

Pero la cosa no queda ahí.
El estado debe además (defendemos, con vehemencia en muchas ocasiones) ser activo y construir edificios para la enseñanza y contratar personal adecuado para la misma.
La enseñanza debe ser PÚBLICA (y gratuita).

Pero, parémonos a pensar un momento.
La educación es, efectivamente, un derecho fundamental incuestionable. ¿Quién puede dudarlo?
Los padres somos los más convencidos de la importancia de la educación de nuestros hijos.

Y es bueno que el estado  se preocupe de esto, y  que dedique parte de los impuestos que nos cobra, a asegurarse de que todo el mundo tenga acceso a la misma.

Hasta aquí, todos de acuerdo.

Tenemos entonces varias opciones.

-Una enseñanza pública, única y universal, típico ejemplo de países comunistas totalitarios.

-Un sistema mixto donde conviven la pública y la privada. Es el caso de la mayoría de países occidentales.

-Una educación exclusivamente privada con ayuda económica del estado, vía impuestos. Casi desconocida.

Del sistema público único no voy a hablar. Los hechos hablan por sí solos.

En  cuanto al mixto quiero hacer unas reflexiones.

La educación pública, con sus institutos, universidades, personal docente y funcionarios, es más cara que la privada, y está hecha para funcionar siempre. Lo haga bien o lo haga mal.

No sucede esto con los colegios privados, o con las universidades privadas. Si no son eficientes en lo suyo, tenderán a desaparecer, porque los padres elegirán (lógicamente) los centros que aseguren la mejor formación académica para sus hijos.

Hay competencia, o eres bueno o desapareces.

Los sistemas públicos, sin embargo, no tienen competencia. Sus profesores (que ganaron la oposición en su día) no tienen que competir ni ser eficaces. Los buenos ganan el mismo sueldo que los malos. Y a los malos nadie los va a echar. ¿A qué esforzarse pues?

No en vano los mejores colegios del mundo son privados. Las mejores universidades del mundo son privadas.
Tiene sentido ¿no?

Con lo que le cuesta (nos cuesta) al estado mantener un instituto, se pueden hacer funcionar eficientemente más de dos colegios. Y la inversión de los colegios es privada, no nos cuesta nada.

Siendo entonces la enseñanza privada más barata y mejor, no veo el sentido de insistir en la pública.

Y dado que estamos hablando de un derecho fundamental universal, el estado debe financiar dicha enseñanza. Por ejemplo, bonos escolares. Y si no hay pública, se ahorra (nos ahorramos) una pasta.

El estado elimina un gasto nada desdeñable.
Los padres ejercen su derecho a elegir la mejor formación académica que consideren.
El estado dedica parte de los impuestos recaudados a financiar la educación de sus ciudadanos.
La calidad de la educación del país, mejora, sin duda, a medio-largo plazo.

La educación de nuestros hijos es demasiado importante como para dejarla en manos del estado.






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