Apuntes liberales (6). De aranceles y aduanas.

domingo 22 abril 2012

Aranceles y aduanas.

¿Por qué, cuando compro un producto en otro país, tengo que pagar impuestos en el mío?
Ya he pagado el precio fijado, y que me convino tanto a mí como al vendedor. Repito, ¿quién es el Estado para entrometerse en mi vida y mis transacciones?

El Estado te contará que, así protege los productos nacionales con precios más bajos, gravando los extranjeros. ¡Mejor para la economía nacional! dirán los gobernates protectores e intervencionistas.

Pues no me lo creo.

Si otro país tiene un producto igual al nuestro, pero más barato, lo lógico es que compre el producto de ese país. Cualquier otra cosa va contra del sentido común.

Pero el Estado, entonces nos dice que tiene que proteger la economía propia y, para eso, hace dos cosas:
- Aplica, por un lado, un gravamen al producto extranjero, para encarecerlo; y para obtener ingresos extra, por otro.
- Da subvenciones a las empresas nacionales para mantener unos precios más competitivos, de manera artificial.

Estas dos acciones interfieren en la ley natural de la oferta y la demanda. Machacan la libertad de precios. De esta forma el producto bueno y a buen precio, conseguido gracias a la optimización de costes y recursos, es castigado. Y, por el contrario, el mal producto es protegido para que perdure.

La empresa del producto bueno debería ir a mejor; tiene mercado y la demanda va en aumento.
La del producto malo debería replantearse el negocio. O bien mejora los precios, gestionando mejor; o bien añade más valor a su producto para hacerlo más competitivo, o más exclusivo.

Esto es lo que debería suceder, pero no es así. Los estados, una vez más, intervienen e intervienen.

Subvencionan empresas malas (con nuestro dinero) alterando la máxima del "premio al mejor", y castigan a las buenas, distorsionando los precios (apetecibles de origen).

¿Qué pasa con el carbón en España? Es malo y carísimo comparado con el de fuera. Las minas asturianas deberían estar cerradas hace mucho tiempo.
Pero el Estado se encarga de quitarnos el dinero para subvencionarlas, y perpetuar, así un mal negocio.
Y este es solo un ejemplo más. Los hay a montones.

No deberían existir las aduanas. Distorsionan siempre los precios que marca el equilibrio entre la oferta y la demanda. Y castigan a las empresas que logran buenos productos a buen precio. Y mantienen en la mediocridad a las que deberían desaparecer, o reconvertirse.




Comentarios

Muy buenooo!!!!

enviado por Mario Ferreiro el 03 junio 2012 a las 11:50 PM CEST
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