Las mayúsculas y los acentos ortográficos

viernes 13 noviembre 2009

Hemos oído miles de veces que las letras mayúsculas no se acentúan.
He aquí otro cuento tragado sin dificultad durante años. El hecho es que sí se debe colocar la tilde cuando corresponda, al igual que con las minúsculas.

¿Quién inventó este bulo?  Pues resulta que fueron los linotipistas de antaño en cuyas linotipias, si se ponía una matriz de letra mayúscula, ya no cabía, físicamente, una tilde encima. Comenzaron, así, a justificar estas faltas ortográficas, evidentes y diarias, explicando que, en caso de letra mayúscula, no era obligatorio el uso del acento ortográfico.

Pues esto cuajó en la sociedad de la época, de tal manera, que, aún hoy en día, algún despistado defiende semejante atentado gramatical. Cierto es que, éste, es uno de los mitos que mueren por sí mismos, como fruta madura.

En la actualidad la prensa dispone de métodos de impresión digitalizados que no suponen problema alguno a la hora de tildar mayúsculas. En nuestros hogares tenemos programas informáticos de edición de texto e impresoras, que acetúan lo que haga falta (cuando haga falta, claro).
Sólo se encuentran defensores residuales de este mito, en las generaciones que tenemos de 40 años para arriba.   

Me alegro de que muera este mito (ojalá otros murieran tan fácilmente) porque las reglas de acentuacicón de la lengua española, así como las de pronunciación, son tan sencillas y eficaces, que no tienen parangón con ninguna otra lengua importante.

Una palabra totalmente desconocida para cualquier lector, puede ser leída y pronunciada correctamente por éste, sin dificultad.
Esto es debido a que, tanto el acento que pueda tener la palabra, como la correspondencia gráfico-fonética de nuestro idioma, nos permiten pronunciar una palabra leída, y escribir bien otra que nos hayan dictado.

Son pocas pero, efectivamente, hay excepciones: la "b" y la "v" se pronuncian igual, la "u" no se pronuncia si va entre "g" y "e" (o "i"); igual pasa con la "q"; la "h" no se pronuncia, tampoco (salvo si se precede de "c", etc.

Sin embargo esta pocas excepciones no impiden que podamos proclamar que nuestra lengua (gracias a unos inspiradísimos académicos del S.XVII) es la más lógica en cuanto a la coherencia que hay entre lo hablado y lo escrito.
Las vocales son cinco, y cada una se pronuncia de una única manera. Y nada más. La "p" con la "a": "pa". Con la "e": "pe"....
Incluso inventamos la "ñ" para un sonido concreto evitando el uso de dos letras ("gn" en francés; "nh" en portugués...), que aumentarían la disociación entre grafía y fonética.
Sencillo.

Sólo hay que ir a las lenguas vecinas, la inglesa y la, antes mencionada, francesa, para ver las diferencias.
El inglés, efectivamente, no tiene acentos, y eso es una buena simplificación, (así como la mayoría de los tiempos verbales) que hace sencillo a un idioma. Pero recordemos que los angloparlantes se pasan la vida deletreando palabras, y pidiendo que se las deletreen (it spells it please?), para poderlas escribir con exactitud.
En francés, parecido: "eau" se pronuncia "o"; hay 3 tipos diferentes de sonido de la letra "e", tres tipos de acento ortográfico (que no siempre indican dónde va el acento fonético), dos formas de pronunciamiento de la "s", etc. ¿A su favor? Se sigue distinguiendo la pronunciación de la "b" y de la "v". Aquí, esto, se perdió.

Ya está. Hala. Ya estoy mejor.